La Cinta Blanca

TÍTULO ORIGINAL: Das weisse Band - Eine deutsche Kindergeschichte (The White Ribbon)
AÑO: 2009
DURACIÓN: 145 min.
PAÍS: Alemania
DIRECTOR: Michael Haneke
GUIÓN: Michael Haneke
MÚSICA: Varios
FOTOGRAFÍA: Christian Berger (B&W)
REPARTO: Susanne Lothar, Ulrich Tukur, Burghart Klaussner, Josef Bierbichler, Marisa Growaldt, Steffi Kühnert, Michael Schenk, Janina Fautz, Michael Kranz, Jadea Mercedes Diaz, Theo Trebs
PRODUCTORA: Coproducción Alemania-Austria-Francia; Les Films du Losange / Wega Film / X-Filme Creative Pool
WEB OFICIAL: http://dasweisseband.x-verleih.de/
PREMIOS 2009: Nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa (por Alemania)
2009: Festival de Cannes: Palma de Oro (mejor película), premio FIPRESCI
2009: Globos de Oro: Mejor película de habla no inglesa
2009: Premios del cine europeo: Mejor película, director, guión. 4 nominaciones
GÉNERO: Drama. Intriga Infancia. Vida rural

SINOPSIS: Inexplicables acontecimientos perturban la tranquila vida de un pueblo protestante en el norte de Alemania en 1913, justo antes de la Primera Guerra Mundial. Un cable que provoca una terrible caída al médico del pueblo, un granero que se quema, alguien que aparece salvajemente torturado... ¿Quién está detrás de todo esto? Los niños y adolescentes del coro del colegio y de la iglesia dirigido por el maestro, sus familias, el barón, el administrador, el médico, la comadrona y los granjeros conforman una historia que reflexiona sobre los orígenes del fascismo en vísperas de la I Guerra Mundial.

CRÍTICAS ----------------------------------------
"No dejes que nadie te cuente demasiado de esta obra fascinante (...) un despliegue tóxico de imágenes que te queman en la memoria. (...) Este film inquietante nunca se te echa encima. (...) Puntuación: ***1/2 (sobre 4)" (Peter Travers: Rolling Stone)
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"La crítica sociopolítica marca de Haneke se gira ahora hacia la historia, en un film asombrosamente fotografiado y deliberadamente tranquilo. (...) un trabajo cinematográfico superior, de una gran seriedad." (Peter Brunette: The Hollywood Reporter)
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"Una soberbia obra maestra sobre las raíces del fascismo. (...) tan contundente, tan dramáticamente estimulante, tan cruelmente pesimista que duele." (Luis Martínez: Diario El Mundo)
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"Un Haneke profundo y revelador (...) un enorme circunloquio en blanco y negro (...) con precisas y preciosas imágenes" (E. Rodríguez Marchante: Diario ABC)
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"El bisturí de Haneke da miedo. (...) El director pone en marcha todo su poder de sugerencia (...) con implacable lucidez, con un estilo visual que te hipnotiza, que te hace palpar la degeneración interna" (Carlos Boyero: Diario El País)
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"Aunque a veces parezca que 'El lazo blanco' esté a punto de ser víctima de la rígida coherencia de su planteamiento, Haneke conduce con mano firme al espectador en la inmersión en un mundo de rabia, represión, mentiras y ocultaciones" (Sergi Sánchez: Diario La Razón)
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"Apabullante fotografía, un ritmo que puede parecer solemne hasta que se convierte en ominoso (...) Haneke sigue manteniendo ese pulso clínico con el que nos ha contado, bisturí en mano, historias de violencia contemporánea (...) Puntuación: **** (sobre 5)." (Antonio Weinrichter: Diario ABC)
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La gravedad del tema y el apabullante acabado formal –soberbia puesta en escena, magnífico casting, deslumbrante fotografía, rigurosa dirección, espléndido montaje- han granjeado a “La cinta blanca” el calificativo casi general de “obra maestra”. Pero Haneke, como ya ocurriera en “La pianista”, está lejos de la grandeza, porque es mezquino con sus mezquinos personajes. Afirma el director que su tarea es plantear preguntas y dejar que el espectador busque sus propias respuestas; pero las respuestas son obvias cuando se hurta a los personajes la posibilidad de elegir. “La cinta blanca” no es en rigor una película, sino una foto fija de una época, un mundo y unos seres despreciables. No hay acción en ella, y por tanto tampoco tensión ni evolución posible en la mera descripción de unas vidas condenadas, desde el comienzo, a cumplir una existencia miserable. Haneke transforma la indudable influencia del ambiente y la educación en puro determinismo moral, sin tener siquiera la generosidad de colocar a los protagonistas –con una única excepción- ante una simple disyuntiva que muestre la existencia, detrás de la fachada de la podredumbre, de un mínimo grado de conciencia, sentimientos o libertad de acción. No se trata de pedirle que se convierta al humanismo de Renoir o Kurosawa, pero sí de que sea justo con sus criaturas y sus espectadores. La innegable potencia visual de esta película –no exenta, por lo demás, de cierto manierismo, por ejemplo en el abuso del fuera de campo, o en la sórdida representación del sexo, marca de la casa- consagra y refuerza el horror, pero también oculta la pereza del autor para indagar más allá de lo evidente: que la violencia engendra violencia y el mal nace del mal. Y ello es importante, entre otras cosas porque acusar del surgimiento del nazismo a los padres de la generación que lo abrazó -sugiriendo que, visto cómo fue educada, no podía sino acabar como acabó- y negando por tanto la existencia del libre albedrío, es, como poco, simplista. Y, como mucho, peligroso. (Daniel Andreas: FILMAFFINITY)
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